sábado, 24 de enero de 2009

La Felicidad, es antesala de la Satisfacción.


Habría que definir los grados de infelicidad que existen pero, en general, creo que el hombre es siempre infeliz salvo por los efímeros momentos de felicidad transitoria que vive de vez en cuando.
El dolor, la pena, la tristeza, la depresión, la incomodidad, la pobreza extrema, la enfermedad, la angustia, las mentiras, la desolación, el desconsuelo, el estrés......
Por alguna u otra circunstancia siempre tenemos el peso de una o varias de estas razones acompañando nuestra existencia. Y es por la presencia cotidiana de estas razones por las que valoramos tanto la felicidad: ¡son tan pocos los momentos en los que realmente uno está alegre!

Pero efectivamente el hombre occidental es el que mayor índice de infelicidad posee, entre otras cosas por su apego al mundo material y una vida muy desligada del mundo espiritual (no necesariamente religioso). El occidental suele basar las cosas importantes de su vida desde la posesión por lo que la falta de algo que considera necesario para su existencia le produce un intenso sentido de infelicidad.
El hombre occidental basa el éxito de su vida en la acumulación de elementos intrascendentes y banales sin preocuparse en absoluto del enriquecimiento interior.

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