lunes, 15 de febrero de 2010

Esto es de Internet, no conozco al autor



Los dos mirábamos el techo en silencio. Fumábamos. Intentábamos calmarnos, serenarnos. Las sábanas se pegaban a mi piel, sudaba como hacía tiempo que no lo conseguía. Ella intentaba acompasar su respiración para tranquilizarse al mismo tiempo que mantenía largo tiempo el humo dentro de sus pulmones. Habíamos llegado hasta la cama desnudándonos mutua y aceleradamente dejando piezas de ropa por toda la casa confeccionando un camino de migas perfectamente rastreable. Desnudos al llegar al pie de la cama, ella me empujó sin medir en absoluto su fuerza haciéndome caer como un fardo encima del colchón.

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